260 con que ostentan mis desdichas lo poderoso y lo vario, escucha, por si consigo que divirtiendo tu agrado lo que fue trabajo propio sirva de ajeno descanso, o porque en el desahogo hallen mis tristes cuidados a la pena de sentirlos el alivio de contarlos.
Y vencedor de aquel solemne juego nombrarlo hace al sonido de la trompa, de suerte que ora el noble, ora el labriego su nombre indigno escucha con gran pompa.
Por fin, parado el carro ante un estrado, sufrió de ajena culpa el justo juicio, y escucha la ignonimia él en persona que a gritos un vocero le pregona.
Que el alma, aun sin que el ojo dé consejos, sentir puede si está cercano o lejos.» En esto, escucha voz que de repente de él le parece firme y desenvuelta, y a un tiempo ve que éste velozmente pica el caballo y el bocado suelta, mientras los otros dos que le hacen frente lo siguen sin descanso a rienda suelta.
En cuanto lo divisan en la orilla botan esquife que se acerque al lido, mas cuando escucha que su gente chilla cómo el Orco el pillaje ha cometido, resuelve no montar en la barquilla y perseguirlo allá donde haya ido; que el verse sin Lucina tal lo hiere que o rescatarla o no más vivir quiere.
Mas, cuando del peligro en que se emplea el prÃncipe ZerbÃn la nueva escucha, que solo a pie entre gente cirenea, desamparado de sus tropas, lucha; vuelve el caballo, y a la arena acude do, huyendo el escocés, la lucha elude.
Pero cuando el parecido hace recordar alguna cosa, ¿no sucede necesariamente que el espÃritu percibe repentinamente si falta algo al retrato para que sea perfecto el parecido con el original que se acuerda o si no le falta algo? Otra cosa serÃa imposible, dijo Simmias. Pues escucha a ver si opinarás como yo. ¿No llamamos igualdad a alguna cosa?
-añadió-. ¡Ya lo tenemos!
Escucha, hay uno en la tetera. El pequeño dirigió la mirada a la tetera; la tapa se levantaba, y las flores de saúco salÃan del cacharro, tiernas y blancas; proyectaron grandes ramas largas, y hasta del pitorro salÃan, esparciéndose en todas direcciones y creciendo sin cesar.
Hans Christian Andersen
Allá en Nyboder le damos otro nombre mejor; la llamamos "mamita saúco", y has de fijarte en esto.
Escucha y contempla el espléndido saúco.
Hans Christian Andersen
El profesor de la Academia de Arte lo llamó. -
Escucha, amiguito - le dijo -, tenemos que hablar tú y yo. Dios te ha dotado de aptitudes excepcionales, y ha querido al mismo tiempo que no te faltase la ayuda de personas virtuosas.
Hans Christian Andersen
La silueta del edificio en construcción que sobresale de entre el caserÃo del barrio es recortada por las últimas luces del dÃa que con serenidad van desapareciendo en el horizonte... Se
escucha el cántico tristón de una campana.
Antonio DomÃnguez Hidalgo
El más chico va durmiendo enrebozado entre sus brazos morenos. Entran al templo. Se
escucha el cántico tristón de las campanas con su tañido de siempre... Domingo por la mañana...
Antonio DomÃnguez Hidalgo