Aprovechó la ocasión para enseñar al mundo que, si por una serie de desgracias, ya no tenÃa escuadra el estado de Guadarrama, su prÃncipe todavÃa poseÃa un yate y sabÃa navegar; y por mar, se fue primero al reino de Nordlandberg, donde, por informes oficiosos pero dignos del mayor crédito, sabÃa que el Rey siempre tenÃa disponible todo un surtido de princesas de edades varias, discretamente escalonadas como para que cualquier candidato, o muy joven o muy viejo, y por difÃcil que fuera, encontrase siempre como satisfacer su anhelo.
Todo el tiempo que estuvimos en la calle los amigos de mÃster Murdstone fumaron sin cesar, lo que, a juzgar por el olor de su ropa, debÃan de estar haciendo desde que habÃan salido los trajes de casa del sastre. No debo olvidar que fuimos a visitar el yate.
El comandante y oficiales del yate nos recibieron con las mayores atenciones, esforzándose por atender a nuestras necesidades, que eran de todo género, porque llegamos absolutamente desnudos y hambrientos; me manifestó el comandante que como su buque era tan pequeño, no podÃa recibir aquella masa de gente, e iba a buscar un buque mayor que los embarcara.
Al comandante del yate le comuniqué esta conversación con los insurrectos y le supliqué reclamara nuestra gente, lo que me prometió, enviando al efecto un destacamento con bandera.
Estas tratativas se efectuaron con el propietario -y Capitán- de un yate de nombre "Caimán", de bandera panameña, quien en conocimiento de las caracterÃsticas de los elementos que se encontraban en las factorÃas, decidió hacer el viaje en su propio beneficio, en la segunda quincena de febrero, según quedó registrado en los libros de Grytviken (Anexo IV/3).
Y al dÃa siÂguiente, muy temprano, salió para Venecia, después de haÂber escrito a mÃster Merton una carta varonil y firme respecto al aplazamiento necesario de la boda. En Venecia se encontró con su hermano lord SurÂbiton, que acababa de llegar de Corfú en su yate.
Pero una tarde, paseando por la playa, vio llegar por el mar, del Norte lejano, en un yate muy elegante, de grandes velas triangulares, tersas, largo, estrecho, sutil, como un espÃritu de las hondas, vio llegar el Lohengrin de sus ensueños.
Por la mañana vagaban a caballo por el Lido o iban de un lado para otro por los canales verdes en su alargada góndola negra; por la tarde, recibÃan generalmente visitas a bordo del yate y, por la noche, comÃan en el Florian y fumaban innumerables cigarrillos paseando por la plaza.
He de decirte que habÃan muerto los padres de Cyril, los dos; se habÃan ahogado en un terrible accidente de yate frente a las costas de la isla de Wight.
hasta encontrar el grueso de la Escuadra, de la que se destacó el crucero auxiliar «Paris», y nuestro yate siguió hasta frente a Cuba, donde recibió órdenes con arreglo a las que unos fuimos transbordados al «Iowa» y otros lo fueron a otros barcos.
Se detuvo un momento a saludar a mi madre, y dijo que iba a Lowestolf, donde tenÃa unos amigos, dueños de un yate, y me propuso muy alegremente llevarme con él montado en la silla si me gustaba el paseo.
De repente soltó, como en súbita inspiración, su ancha boca de gruesos labios, una regia carcajada, y, dejando pasmados a sus ancianos y correctos consejeros, resolvió emprender viaje en su yate para la América del Sur.